jueves, 27 de diciembre de 2012

Esa nena. Esa nena que esta sentada en ese piso de su cuarto, las baldozas cuadradas color crema, la pared amarilla por la humedad, la luz con baja tensión, las muñecas desparramadas por el suelo, la cama desecha. Un mundo de colores. Un mundo maravilloso. Un cuarto lleno de vida, un superficial mundo lleno de sueños, y de fantasías. 
Lleno de juegos de quien es la mejor mama (mama, ¿donde estas?). Sonrisas, carcajadas, alegría. La vida misma. 
Un ser maravilloso se asomaba en la cocina mientras que de las ventanas salía olor a café con leche. Mientras tanto, un angel lleno de música entonaba las melodías adolescentes en el cuarto, una y otra vez, y un borracho fumaba cigarros en el patio mientras se perdía entre los sonidos. Un viejo y gordo entraba riendo y llevaba golosinas en sus manos. -Los recuerdos me invaden. Me estoy sumergiendo.- 
El lúgubre pero barrial paisaje marginal que abraza el barrio, mientras las bicicletas, los juguetes, y las familias lo tiñen de felicidad. Contradicción.
Escucho voces, ecos, gritos, empujones. Siempre vuelven a mi. Se escuchan aún mas que al momento real. Los recuerdos se confunden, se transforman, se deforman. ¿Estoy viva? ¿Ya me morí? Siento la locura, el pavor, y mi inconsciente hablando. Que lindo es notar que estas vivo. Ya no quiero ser el gris de tantos colores. 

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