Esta semana me estuve planteando muchas dudas, mas de lo normal. Y quizas hasta tuve la suerte de llegar a algunas certezas.
Pero, después de todo, siempre nos quedan las dudas y las inseguridades. Todo denota en eso, y es ese amargo sabor que recorre por el cuerpo. Esos pequeños ''¿por qué?'' que te hacen cuestionar donde estas parado.
La cobardia, la inseguridad, el miedo, y las falsas ilusiones van todas de la mano. Las esperanzas rotas, o las pocas ganas de creer. La falta de fe en general. El comienzo de la autodestrucción.
Y ahí es cuando reflexiono, en esos momentos de miseria interior. Creyendo en tantas palabras sin sentido, palabras que se las lleva una tarde, una noche, o que simplemente quedan flotando en lo eterno del recuerdo. ¿Por qué no creer en uno mismo, entonces? Vivir lleno de contradicciones desemboca en un ataque de euforia interior de ignorar nuestras propias peticiones por no saber lo que queremos (o por no conocer algo mejor. Quien sabe.)
Contradicciones entre creer en lo mas ajeno y no creer en lo mas cercano. Entre creer en infierno disfrazado de una sonrisa particular, y no creer en la garantía de que esta vida puede ser difícil, pero aún así se puede brillar en lo cotidiano. Brillar para no apagarse, para estar lleno de contradicciones, pero tener una certeza: Estas vivo. Brilla. Brilla con todos tus miedos, y tus inseguridades. Después de todo, es tu luz lo que te hace estar presente en el universo.
Pero, ¿quien soy yo para decirte lo que tenes que hacer? Hace lo que quieras.
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