En esa habitación, ese día, podía sentir absolutamente todo. Yo sabía que el percibía mis pensamientos, cada palabra era como redescubrirse nuevamente, era absolutamente increíble, darnos cuenta de que estábamos vivos por primera vez. Sentir la felicidad en nuestras manos, sabiendo que el único momento que podíamos sentirla así de cerca era solo cuando nos encontrábamos mirándonos a los ojos como dos imanes, imposibles de separarse por más gravedad posible. El enamoramiento nos hace pensar que es una de las cosas más estúpidas, dolorosas, y bellas del mundo. Si me preguntan a mi, simplemente diré que es el dolor mas hermoso que pude sentir, quizás suene algo masoquista, pero después del dolor punzante de tenerlo lejos, viene la reconciliación, el placer dentro del dolor, y eso es tan hermoso. Lo único que deseaba en ese momento, era sentir su fría piel, en ese silencio sepulcral, en el que todo el horror de mi vida desaparecía, simplemente siempre me hizo sentir al borde de la cornisa, y esa sensación de vértigo que siento, es parte de todo el inmenso, agotador, fuerte, y peligroso amor que le tengo. Lo amo tanto que incluso podría lastimarlo con tanta increíble magnitud de cariño, es tan grande y tan pesado como un container. Pronto me volveré loca si no lo tengo conmigo, no quiero enfermarme.

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