domingo, 13 de mayo de 2012

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Oprimidos por el horror, buscamos esa cosita llamada ''despegue'' para volar. Donde ''taquicardia'' es sinónimo de sentirse vivo. La psiquis humana busca pequeños estímulos para que su vida no se vuelva tan monótona. El cerebro necesita de esas pequeños ''desvíos'' en la rutina que enferma. Rutina, enfermedad de la sociedad. Todos nos undimos en aquel frenesí. Corriendo por la delgada línea del color café, corriendo por el prado rojo carmesí. Pintando destellos en el cielo, pintando razones en el interior. Creyendo, y asumiendo necesidad de expandirte.
No estés mal, princesa. Todo va a pasar. Ven, princesa. Vamos a ver el sol brillar. Prendete un pucho, y llévame a volar. Juguemos en el ocaso, lleguemos al limite y volvamos a comenzar. Es una fase pasajera, pronto llegaremos al resplendor. Corramos a través del bosque, busquemos la salida. Allá a lo lejos, quiero ver el sol.
Me siento relajada, y quizás un poco acelerada. Pero, dame la mano, porque nada va a pasar. Salta conmigo, prometo que nadie se va a suicidar, simplemente iremos a volar. Nos sentimos indestructible, y lo tenemos que lograr.
Salta conmigo, y no sientas el piso que es de metal. Porque ya nada te puede hacer mal. Estamos lejos de toda esa ciudad, somos simplemente un susurro dentro de una carta, y un verso mal dedicado.
En aquel auto, encontraras las llaves. Acelera profundo por la carretera, el pelo se vuela, y todos nos volvemos a elevar. El sol nos refleja todas las articulaciones. A ver si pueden sentir mi libertad, me voy a desencadenar.
Llegamos al sol, estamos en la etapa final. No sientas el estruendo, no nos estamos cayendo. No dejes de agarrarte, sujetate, tenemos que salvar esto. No te caigas conmigo. No moriremos en el intento.

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