Y nos quedamos en un ''Quiero volver a casa''. Era un grito de espanto en el que nuestra tremenda inseguridad se reflejaba en cada alarido. No podíamos controlarlo. Estábamos presos de algo, y todavía no sabíamos de que.
A lo lejos podíamos notar algo, sin que se aproximara a ser ''alguien''. Era tan alto como siete palos de luz juntos, y tan grande que se podía contemplar la su inmensidad a lo lejos. Estábamos en presencia de algo que nos volvía locos. En cuanto la criatura se acerca a nosotros, nos empieza a envolver con su perfume embriagador. Hechizo de mujeres baratas, y hombres de todas.
Era ese su afán. El de enamorar con su aroma cautivante las almas de estos locos sin cerebro.
Y mi corazón latía tan fuerte que podía sentir como la piel se me iba a salir en cualquier momento. Quizás era eso lo que necesitábamos, lo que siempre necesitamos todos cuando la vida se torna monótona y aburrida, la vieja y peligrosa adrenalina. Y ella era la que nos corría por las sangre, y nos envenenaba el cerebro.
Pero, lo disfrutábamos por otro lado, estábamos hipnotizados por tan cautivador aroma, y por nuestra locura. El motor para darle chispa a toda esa fantasía.
Flores, hermosas y bellas flores. Rotando a mi al rededor. Llamándome, incitándome a salir a danzar con ellas. Robándome el tiempo, y las promesas. Flores, cuanto las espere. Pongo a merced de ustedes mi bienestar. Solo les pido que hagan conmigo lo que quieran. Todo se renueva, todo tiene energía, todo fluye.
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