domingo, 25 de septiembre de 2011

Destroy.

Ya no había más nada que hablar, no podíamos hacer nada por nosotros mismos. Era nuestra perdición, ni siquiera sabíamos como aún seguíamos vivos. Nuestra fe estaba quebrada. Y juramos, que nunca nos separaríamos, que la muerte era relativa. Los limites no existían esa noche. El estaba completamente perdido en mí, yo no podía hablar, mi garganta estaba seca, no podía respirar, y a pesar de tener los ojos abiertos, todo se volvió oscuro. Tomo mi mano, y me susurro al oído que esto no era el final, que solo era una de las tantas veces que pudo morir por mí, y volver a resucitar. Recuerdo como sus palabras eran un alivio que  atravesaban mi mente, y me hacían sentir tranquila, en paz, como flotando en el viento. 
Imposible olvidar aquellos gestos de amor. Donde, de verdad, me siento amada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

+